Creo que desde el mundial juvenil del 79 un evento deportivo no hacía que restara horas de sueño a mi vida por verlo.
Y me estoy refiriendo a las finales de la NBA, de las que anoche salió un nuevo campeón, San Antonio Spurs con la presencia de nuestro coterráneo Manu Ginóbili.
Mas allá de estar contento porque los Spurs hayan ganado este campeonato, estoy contento de que Manu haya estado ahi, mostrando en la cancha que es un gran jugador de basket y fuera de ella mostrando que es una gran persona.
Personalmente, creo que estas dos cosas en conjunto son las que permiten decir de alguien que es un buen deportista.
Cualquier sitio donde busquemos podremos encontrar cientos o miles de números de estadísticas. También una larga lista de logros deportivos en Italia y en USA. Pero a la persona solo la veremos en las entrevistas, las crónicas y en los comentarios de sus pares.
No lo hemos visto nunca en las páginas policiales o de chismes y espero de todo corazón que siga así.
Por suerte, la NBA es un negocio que entiende que depende de los jugadores para seguir siéndolo y no una picadora de carne, como se ha convertido la FIFA y la mayoría de los clubes de futbol del mundo.
Por eso estoy contento por el. Verlo anoche festejando el título con una emoción y una euforia como ninguno de sus compañeros demostraba me da la pauta de que es alguien que, a pesar de estar en el lugar mas alto que cualquiera puede soñar, sigue sintiendo cada triunfo como si fuera el que más le costó lograr.
Manu, desde hace un tiempo, está junto a Ayrton Senna entre los deportistas que admiro.
Y aunque estoy casi seguro que no va a ver este espacio donde vuelco mis locuras cotidianas, quiero saludarlo y felicitarlo desde aquí, deseandole que nunca pierda ese espíritu que anoche se vió en cada grito, en cada abrazo con sus compañeros y en cada revoleo de brazos en el festejo.