Los extremos de la seguridad
8 de junio de 2009Hoy me encontré con dos puntos extremos de la seguridad en transacciones comerciales, por decirlo de alguna manera.
1) VISA.
La página de ingreso de la tarjeta VISA es un infierno.
En el login hay que ingresar el tipo de documento, el número de documento, el sexo del portador de ese documento y una password.
Password que dura dos o tres meses máximo, que debe tener 10 caracteres, los 4 primeros dígitos numéricos si o si y que no se puede reusar, ya que llevo 10 cambios de pass y se acuerda de los 9 anteriores y no me deja usar de nuevo ninguno de ellos.
Hasta aquí, barbaro. Uno termina sintiendo que resultará muy difícil que alguien pueda llegar a inmiscuirse en nuestra cuenta.
Pero hace poco tiempo implementaron otra medida de seguridad que ya no me deja muy tranquilo. Un CAPTCHA.
¿Para que mierda se les ocurre poner un captcha?
¿Porque hay bots que andan tratando de entrar en las cuentas de VISA? Pues eso ya me tiró por el piso la sensación de seguridad.
¿Porque quieren poner MAS seguridad? Eso ya me indica que quien está a cargo del tema es un paranoico que necesita justificar el sillón que ocupa y que poco le importa que el usuario al final termine odiando el servicio que debe usar.
2) Western Union
Mi primera experiencia con este transportador de dinero electrónico no podía ser peor.
Parece una repartición estatal, fijesé lo que le estoy diciendo.
Mi cuñado debía enviarle unos pesos a mi suegra. Mi suegra está en cama, por lo que fui designado para ir a buscar el dinero.
En la sucursal de Quilmes, cuando lleva el dinero, le dicen que no es necesario el nombre completo, que como hay que presentar el DNI al recibir, con eso se identifica al receptor.
En la sucursal de Mar del Plata, cuando voy a buscar el dinero, me dicen que el despacho tiene que tener el nombre y apellido completo tal como figura en el DNI, ya que el despacho no contiene el número de documento.
Si el real es el segundo caso, que el dni no figura en el despacho, habla muy mal de la seguridad de esta empresa, ya que si uno agarra la guía telefónica y busca algún apellido común como Perez, Martinez o Fernandez, podrá ver que no es difícil encontrar dos personas con los mismos nombres en una ciudad de casi un millón de habitantes como Mar del Plata.
Y si ese no es el caso, me cago en todos los muertos de la desgraciada que me atendió.





