burócrata genocida

Hace un par de días, en el programa de TN “Otro Tema”, conducido por Santo Biasatti, se presentó, bajo el tí­tulo de Adolf Eichmann – el burócrata asesino una recopilación de testimonios sobre el accionar de este engendro durante la llamada “solución final” de la alemania nazi.
A pesar de haber perdido algunos minutos del programa, vi que casi todo lo expresado se limitó a la persona, su accionar como encargado de la logística de transporte de judios hacia los campos de exterminio y el juicio a que fue sometido en Israel y por el que fue condenado a la horca.
Ya hace unos meses publiqué algo sobre el oro nazi en argentina y ahora me gustaría que pasaran por el sitio de Uki Goñi, un periodista de investigación que se ha ocupado de demostrar que Odessa no fue solo una invención novelística.

Vale la pena dedicarle un tiempo a la lectura del prefacio del libro “La auténtica Odessa”, donde podemos encontrar algunos textos muy significativos como estos:

Pero en Argentina, el rastro de Odessa se desdibujaba y corría el riesgo de esfumarse por completo. Ese rastro conducía al escritorio presidencial del general Juan Perón y, por lo tanto, podría presumiblemente mancillar la imagen de su adorada esposa Evita, que, incluso hoy en día, sigue siendo venerada con devoción por sus compatriotas. Tras las tardías revelaciones del papel de Suiza como refugio para el oro nazi, no sorprendió que Argentina tratase de desdibujar los hechos. En un alarde propagandístico, en 1992 el gobierno peronista del entonces presidente Carlos Menen anunció la apertura de los «archivos nazis» de Argentina. La prensa internacional acudió a Buenos Aires, ansiosa por descubrir la verdad que se ocultaba tras los viejos rumores del secreto flirteo de Perón con Hitler. Pero no se encontraron tales revelaciones. En lugar de ello, el gobierno presentó una triste colección de raídos expedientes de «inteligencia», que contenían mayormente amarillentos recortes de prensa pero escasa información valiosa. El expediente de Bormann, quien en realidad jamás sobrevivió la caída de Berlín, incluía un artículo en el que se afirmaba que había sido trasladado a Argentina a bordo de un submarino. Significativamente, se hallaba ausente el expediente de Adolf Eichmann, el forjador de la «Solución Final» de Hitler y el más notorio de los criminales de guerra nazis que realmente llegó a Argentina (bajo los auspicios de la Iglesia Católica y de la organización de Perón para el rescate de nazis).

Podemos recordar, además, que el Mossad, servicio de inteligencia israelí, detectó a Eichmann en Bs. As. en el año 1957 (tras 7 años de permanecer en Argentina bajo el seudónimo de Ricardo Klement) y decidieron secuestrarlo para ser enviado a juicio, sin dar intervención a las autoridades argentinas, en 1960.
¿Porqué de esta forma?. Porque Alemania ya había solicitado a la Argentina la extradición de Joseph Mengele, la cual fue rechazada y no querían dejar escapar a esta presa.

Sería muy importante que todos aquellos que hoy despotrican contra algunos jueces que “quieren poner en el banquillo de los acusados al peronismo” comienzen a dar las explicaciones que Perón, hoy en día, no va a poder dar, antes de seguir el camino de la obsecuencia y el encubrimiento.

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