Lo que el #8N nos dejó

Para empezar, lo mas claro del #8N: Nadie tiene la calle comprada.
La calle es de todos. La podrás ganar circunstancialmente, pero a menos que pretendas cambiar el espíritu de la organización democrática del país, nunca, jamás, va a haber individuo o colectivo que pueda asegurar “la calle es mía / nuestra”.
Vaya esto también para los políticos y/o sesudos analistas que dijeron que “el kirchnerismo perdió la calle”. Con esa frase, lo único que demuestran es su ignorancia sobre la verdadera fuente del poder.

Otra enseñanza para asimilar es que el miedo no se puede imponer donde ya se logró el hastío con la palabra.
Podrás condicionar con el miedo a perder ciertos beneficios económicos, como supo hacer Menem para que lo voten por su re-elección, podrás condicionar con el miedo a desaparecer, como hizo el Proceso, pero cuando hiciste uso y abuso del discurso vacío, alejado de la realidad, de la palabra hiriente y descalificadora por la más mínima discrepancia, de la negación del problema evidente que aqueja a una sociedad, por mas que pretendas comparar a alguien con Biondini, Pando, el cuco o el hombre de la bolsa, ese alguien se pasará tus palabras por donde termina la transpiración que baja por la espalda y saldrá a decir lo suyo.

Claro también ha quedado que cada persona es un mundo. Que es una equivocación enorme, y que demuestra la disociación de los funcionarios de la realidad, pretender que se nucleen los reclamos y se conviertan en parte de esa entelequia política que ha quedado reducida a ser un fin en si misma o que solo se puede canalizar por medio de “representantes”.
Como ya he repetido un montón de veces, “Entendí siempre a la política como sinónimo de ciencia para el gobierno; jamás acepté que se la pudiera tergiversar convir­tiéndola en estrategia electoralista, ni se la usara tampoco para la destrucción de honras, ni de afectos, ni de sentimientos, ni de ideales.” dijo Jorge Raul Lombardo, intendente de Mar del Plata, hace 49 años, al asumir su cargo.
Y lo que ha sucedido es que la política que hoy vemos se basa en la estrategia electoralista y en destructora de honras, afectos, sentimientos e ideales.
Debemos retroceder, en este aspecto, 50 años y empezar de nuevo, con distintas herramientas. Las herramientas nuevas, esas que permitirían que el modelo representativo se convierta en un modelo participativo, donde el político aplica la ciencia para poner en acción las decisiones de un pueblo que se expresa día a día y no solo cada dos años.

El resto es para poner en el anecdotario. La sordera oficial que sigue empecinada en decir “todos y todas” cuando demuestra que es “nosotros y los que por cierto motivo nos interesan”, los carteles del #8N que serán ignorados o utilizados para denigrar la protesta, la espontaneidad o la organización de la marcha, la presencia de grupos que hacen de la violencia intolerante una forma de expresión, el periodismo rastrero, etc, etc, etc, pasarán al olvido tan rápido como las acusaciones de destituyentes.

Lo único que va a quedar, sin que se pueda olvidar, es que la frase mas significativa que le dejó este pueblo a los gobiernos que no los escuchan es “Oid, mortales”.

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