Inseguridad: el pantano del pseudo progresismo – en mordete.com.ar

Hace varios días fuimos testigos de un episodio trágico referido a la seguridad o, hablando en forma más realista, a la ausencia de ella: un delincuente es baleado dentro de un negocio de computación, recibiendo siete tiros de parte del comerciante, al que le había sustraído 1.000 pesos, el celular y lo había obligado a arrodillarse mientras le exigía mas dinero.

La noticia se publica en medios on-line y los comentarios comienzan a mostrar un comportamiento que cualquiera podría interpretar como la actitud de gente de mierda. Es más, justamente así lo he leído: alguien se queja de esos comentarios diciendo “lamento que esta gente de mierda sea como es”

Entonces fui a leer esos comentarios, uno por uno, y me encontré encerrado, durante un largo tiempo, en el intento de comprensión. ¿Quieren hacer el mismo intento que yo? Pasen por aquí y lean.

Es que yo me pregunto: ¿es realmente nuestra sociedad un grupo de animales sedientos de sangre de delincuente? ¿Todos esos que comentan ahí serían realmente capaces de tener la sangre fría de ingresar en la casa de un asesino y pegarle varios tiros?

No. Me niego a creer que esto realmente es así, porque de lo contrario, debería considerar la idea de que vivimos en un circulo vicioso irrecuperable que comienza a acelerarse y en el cual tan sólo es cuestión de tiempo para que se produzca la explosión.

Hago entonces el esfuerzo y asumo que lo que esta gente destila es bronca acumulada. Como cuando tenés un jefe prepotente porque es el jefe, o cuando un vecino te usa la sombra de TU árbol frente a TU casa porque llega antes que vos con el auto, o cuando un conocido te refriega por la cara que ganaron con el 54 % mientras hace uso de una verba de alto nivel diciendo “lero, lero, la tenés adentro cipayo golpista”. Bronca contenida. Que, dicho sea de paso, como también leí, no se va a aplacar diciendo que “son patovicas de pelotero”. Al contrario, escribiendo esas respuestas tan pelotudas, el comentarista sólo pasa a convertirse en otro elemento más para la siguiente descarga emocional.

Entre todo el ruido de los comentarios, más parecidos a lo que se puede leer cuando la noticia informa que perdió Alvarado o Aldosivi que a un episodio trágico, quiero rescatar uno. El que me pareció mas centrado, más salido de las verdaderas entrañas de una persona que no está necesitada de hacer catarsis, sino de mostrar una realidad, calculo yo, con la esperanza de que alguien se haga cargo:

“Uno menos!!!!! Es muy triste pensar así, pero vuelvo a decirlo, no nací así, me hicieron… sobre todo estos últimos años, soy un adulto mayor y no saben lo feo que es tener miedo, miedo al hacer los mandados, miedo a estar sola, pensando que en cualquier momento me puedo topar con un delincuente… y pasar un mal rato. No hay derecho a vivir así !!!!!!!”

“No hay derecho a vivir así” dijo la señora, muy centradamente y sin atisbo de patoterismo de pelotero.

Me encantaría que alguno de los que consideran que el delincuente es una víctima, alguno de esos que dice “¿no es la misma sociedad de la que todos formamos parte, la misma que engendra delincuentes?”, le conteste a esta pobre señora y le explique que sí, que hay que vivir así porque es la forma de que todos paguemos la culpa de una sociedad que en un 99.99999% no tiene, ni por asomo, responsabilidad alguna.

Que esa es la forma por la cual el 0.00001% de la sociedad, que es verdaderamente RESPONSABLE Y CULPABLE de que no exista el miedo a la ley por parte de los delincuentes, se quita de encima su fracaso y lo socializa para evitar las consecuencias de sus fallidos actos. Como los delincuentes, no sé si me explico.

Así lo indica un abogado marplatense, de vasta experiencia en cuestiones penales, el Dr. Julio Razona, quien en una nota publicada en 0223 nos dice:

“Se acabó el temor a la ley, pocos piensan en las consecuencias de delinquir, ya que lo ‘natural’ es quedar libre y rara vez permanecer detrás de las rejas.

Les recomiendo que lean la nota completa, aunque quiero aclarar que no coincido completamente con la misma. No creo que la teoría de la corrupción retroalimentada sea la verdadera causa del incremento de la inseguridad. Yo estoy más convencido de que estos problemas se presentan, como escribiera alguna vez Caparrós en el desaparecido diario Crítica de la Agentina, porque “La Argentina se fue haciendo por los errores de sus gobernantes”, en una nota llamada “Inepsia”.

Pero, como si no alcanzara que mucha gente viva con miedo, que tengamos que llegar a nuestra casa como haciendo de cuenta que no llegamos por si vemos a algún extraño en la vereda, a alguien se le ocurre apostar más alto e instalar una réplica de una celda carcelaria en la feria del libro marplatense, para que la gente “vea la violencia institucional sobre los detenidos”.

Y nuevamente la pregunta de rigor: ¿somos todos culpables de que a un chorro lo caguen a trompadas en una celda de comisaría? ¿De cualquier tipo de violencia que se ejerza en un penal? ¿Tenemos la responsabilidad de que le cobren para dejarlo escapar, para que se maneje impune en una determinada zona?

Estoy convencido que no. Mas allá de que a uno se le puede achacar la responsabilidad de haber elegido a los gobernantes que permiten o fomentan estos comportamientos, no hay otra culpa que podamos permitir que se achaque en forma colectiva como mecanismo de dilución para evitar tener que dar explicaciones por la inutilidad y el fracaso.

Hoy más que nunca, el pseudo progresismo que pretende que vos y yo nos arrodillemos ante el asesino pidiéndole disculpas por haberlo convertido en lo que es, no tiene soluciones. De la misma forma que no puede solucionar la crisis energética que crearon, que no pueden solucionar la inflación que crearon, que no pueden disminuir el nivel de agresión y violencia que instituyeron (al menos hasta hace unas semanas, ya que entre la derrota electoral y la colección subdural de su jefa se han aplacado bastante), que no puede explicar como fue que llegó a vicepresidente el más cipayo de los cipayos, que no pueden planificar un cronograma de eliminación de subsidios, que no saben que hacer con la salida de dólares y la baja de reservas, tampoco tienen siquiera un mínimo atisbo de un plan de seguridad.

Como muchas de las cosas que han hecho, tanto buenas como malas, se manejan por capricho. Sacan de la secretaría de Seguridad a una borracha, para poner a un buchón que usa el método “patotero barato versión 2.0” que tiene instalado Moreno, un “Animal” Fernández que hoy considera “pena de muerte sin juicio” el derribo de aviones narcos y que hace diez años consideraba que íbamos a terminar siendo una gran pista si Brasil aprobaba esa medida.

Con un “batallón militante” pretenden mostrarnos que quieren evitar la “violencia institucional” y terminan sacando presos de la cárcel para que vayan a actos del partido que gobierna.

¿Cual es el plan? Ninguno. No hay plan. Salvo el de enviar una gran cantidad de efectivos de Gendarmería o Prefectura al lugar donde las cosas se salen de madre, no hay plan de seguridad. O tal vez sí: el plan es reprimir pero sólo un poquito, sólo cuando los delincuentes se pasan de una raya impuesta y que no sabemos que tan larga es.

Sólo discurso. La pretensión de mostrarse progres preocupados por los derechos humanos, pero fallar, en forma trágica y descarnada, cuando se les pregunta algo como:

Y mientras tanto, ¿como hacemos para que los asesinos dejen de asesinar y así le garantizamos el derecho humano a conservar la vida al ciudadano?

Si alguno de estos vociferadores del discurso progresista de la culpa social lee esta nota, sólo le pido que me responda la última frase. Nada más. El resto lo discutimos con tiempo, no hay problema. Sólo expresen cuál es la solución que tienen, y que se está implementando, o por implementar, para la urgencia. Con eso, con tan sólo un plan para evitar que se siga matando, ya estaríamos conformes.

Y sí, han sido tan inútiles y fracasados, que con una medida tan básica hasta nos dejarían contentos.

 

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