tribulaciones lamentos y ocaso del Partido Socialista de Mar del Plata

24 de diciembre. Llega a mis manos una tarjeta de saludos de fin de año firmada por el concejal Juan Carlos Cordeu, junto con una nota del Centro Socialista Teodoro Bronzini, firmada por su Secretario General, Julio (alias Pichi) Benitez.
Quiero aclarar que, a pesar de seguir siendo afiliado de dicho partido, ya que en la asamblea donde quisieron expulsarme no lo hicieron, estas notas no llegaron a mi nombre.
Igual voy a comentar algunos de los párrafos de la nota de Benitez, para mostrarles el porqué del título de este post.

El Partido Socialista de Mar del Plata fue un ejemplo de gobierno durante décadas. Desde el año 1920 se dedicó por completo a dirigir la ciudad hacia lo que es hoy en día.
Uno de los grandes orgullos de los distintos intendentes y concejales socialistas era que no se necesitaba de obras faraonicas para reconocer su labor. Es mas, la gran mayoría de ellas no se veía a simple vista (desagües, cloaca, agua corriente), sin embargo, la ciudadanía reconocía dichas obras en su vida diaria, hechas antes de que el asfalto las tapara completamente, y no como ocurría en muchos lugares, donde el asfalto, bien a la vista, pasaba primero y luego se lo rompía 4 veces para pasar el resto de los servicios.

Podríamos mencionar tantas cosas, sobre la salud, la educación, la cultura y la preservación patrimonial, la honestidad, la capacidad y cientos de etcs. donde los socialistas dejaron una marca indeleble en la “Ciudad Feliz”.

Sin embargo, me produce un nudo en la garganta leer de parte del Sr. Benitez “En el complicado escenario electoral que se le planteó al Partido en la elección pasada, demás está decir que no podríamos haber renovado nuestra representación de no ser por el apoyo de los afiliados y simpatizantes socialistas que se encolumnaron detrás del Frente electoral que se realizó, en el orden local, con el Intendente Katz.

Traducción: De no haber sido porque fuimos como furgón de cola del Frente, el concejal Cordeu no hubiera renovado su banca, ya que de otra manera no nos hubiera votado ni el loro.
Fuimos en el tercer lugar de la lista de los Radicales, si, los del mismo partido que De la Rua, porque eran ganadores seguros.

También dice Benitez, un reconocido anarquista que en una de sus primeras medidas como concejal, allá por 1983, cambió el viejo y destartalado Citroen 3 C.V. por un mejor Ford Falcon, “El 9 de diciembre pasado, el ex-intendente socialista Jorge Raul Lombardo entregó al concejar Cordeu la medalla correspondiente a su mandato cumplido.

Recuerdo que corrían los años 86 (u 87 u 88, ya la memoria me juega malas pasadas) que hablar de Jorge Raul Lombardo dentro del PS de Mar del Plata era una mala palabra. Es mas, una de las resoluciones de un congreso que mas les puso de punta los pelos fue la posibilidad de reconocer la antigüedad de los afiliados que se habían ido del partido si se reafiliaban.
Eso permitía que, por ejemplo, JR Lombardo pudiera reafiliarse y presentarse a elecciones internas sin esperar a cumplir con la antigüedad requerida.
Hoy, esta gente, al mejor decir de la nueva política, “se cuelga de las tetas” de Lombardo para mostrarse como lo que no son.
Vale la pena aclarar también que Don Jorge Lombardo ha demostrado muchísmo mas don de gentes que ellos, asumiendo su posición de ex intendente, participando de estos actos y entregando esos títulos efímeros, sin importarle lo que decían de el a sus espaldas quienes ahora reciben estos títulos.

En honor a la verdad, deberían recibir el diploma de responsables de que el Partido Socialista de Mar del Plata hoy no represente a nadie y tenga que pedir el puesto de limosna a los radicales.
Son los que, cuando el gobierno militar asesino le ofrece al Sr. Luis Fabrizio ser comisionado municipal, lo incitaron a aceptar la propuesta para acceder a alguna de las secretarías.
Creo muy necesario aclarar que el Sr. Luis Fabrizio consultó a mucha gente antes de aceptar el cargo. Entre ellos se hallaba mi padre, Don Antonio Salinas, quien le sugirió que les contestara a los militares “que al intendente de Mar del Plata lo tiene que elegir el pueblo”. La respuesta de Fabrizio fue “yo no les puedo decir eso a los militares”.

Era el año 1981 y todos sabían perfectamente lo que habían hecho los milicos. Sin embargo, el afán de ocupación de puestos, justificado con un “somos lo mejor para Mar del Plata”, los llevó a ocupar un lugar que la ciudadanía, justamente, jamás esperó ver ocupado por ellos y bajo esas circunstancias. Se convirtieron en cómplices de un gobierno militar genocida y jamás pidieron disculpas. Solo respondieron a las críticas citando ejemplos similares de otras agrupaciones políticas, como los radicales y peronistas, que ocuparon cientos de intendencias, secretarías y embajadas.
Pero, en Mar del Plata, fue una ofensa al pueblo que siempre los apoyó con el voto y no entender esto, sumado al intercambio de la candidatura a intendente de Teodoro Bronzini (h) por un puesto en el BANADE, confinó al PS a un sitio similar al ocupado por los partidos vecinalistas.

También hay que recordar que esta misma gente incorporó al PS prácticas tradicionales de otros partidos, como la de llevar en colectivos, taxis y remises a los afiliados a votar, entregándoles la boleta propia y desvirtuando completamente la filosofía socialista, esa que siempre promovió “la lucha en defensa y para la elevación del pueblo trabajador, que, guiado por la ciencia, tiende a realizar una libre e inteligente sociedad humana, basada sobre la propiedad colectiva de los medios de producción.” (Juan B. Justo)

Hemos asistido a un lamentable ocaso y casi defunción de un partido político que marcó rumbos y mostró que se puede hacer administrar la cosa pública “con las manos limpias y las uñas cortas”. Que tuvo innumerables hombres y mujeres que vivían de su trabajo y que destinaban el tiempo sobrante al necesario para mantener sus necesidades básicas a la administración de los destinos de su ciudad.
Que no aprovechaban dinero fácil de las arcas públicas para sus gustos personales, sino que lo destinaban a llevar el agua, la cloaca, la salud y la educación a los ciudadanos.

Ese Partido Socialista de Mar del Plata, probablemente, no volvamos a verlo jamás, mientras quienes hoy lo manejan no tengan la altura suficiente como para volver a las fuentes y empezar de nuevo.

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