País Jardín de Infantes – en mordete.com.ar

“Desventuras en el Pais-Jardin-de-Infantes” es un artículo de María Elena Walsh, que hace 34 años era publicado en el suplemento “Cultura y Nación” del diario Clarín y que podría considerarse como el inicio de la lucha cultural contra la dictadura, que luego fuera también abonada por “Teatro Abierto” y difundida por muy pocos, entre ellos, la vieja, querida, mítica y emblemática Revista Hum(R)

En dicho artículo, de entrada, se nota el garrotazo a la censura, tan activa y de buena salud en esos años. Sin nombrarlo, citaba a Miguel Paulino Tato, quien fuera director del “Ente de Calificación Cinematográfica”, que se ocupaba de “calificar” en la teoría y de censurar en la práctica. Algo así como el cura de Cinema Paradiso, pero mas patético y por sobre todo, mas peligroso.

Pero Maria Elena, la misma María Elena que produjo uno de mis primeros acercamientos de amor a los libros, cuando a los 9 años tuve la grata obligación de leer Dailan Kifki durante el 3er grado de la primaria, se enfrentaba con el poder, unos años después y sin que yo siquiera tuviera noticia de ello, con palabras como estas:

La mayoría de los autores somos moralistas. Queremos —debemos— denunciar para sanear, informar para corregir, saber para transmitir, analizar para optar. Y decirlo todo con nuestras palabras, que son las del diccionario. Y con nuestras ideas, que son por lo menos las del siglo XX y no las de Khomeini.

Resulta, cuando menos, increíble que hayamos consumido ya mas de una década del siglo XXI y aún estemos, no ya los autores, sino desde los simples ciudadanos hasta los mas encumbrados políticos y periodistas, denunciando para sanear, informando para corregir, sabiendo para transmitir y analizando para optar, todo esto en un contexto local, y con un mundo que se sigue debatiendo, como es el caso del Egipto, entre las ideas del siglo XXI y la irracionalidad del fanatismo de los religiosos musulmanes.

Pero decía, en el contexto local tenemos que seguir peleando contra los que no quieren sanear ni corregir. Porque dicen que va todo bien, que no hay nada esté mal y que si hay algo por corregir, ellos tienen la iluminación de saber que y el don de saber determinar la conveniencia del cuando.

Aunque en estos tiempos no se les resulta tan fácil como antes. Esto decía M.E. Walsh:

El productor-consumidor de cultura necesita saber qué pasa en el mundo, pero sólo accede a libros extranjeros preseleccionados, a un cine mutilado, a noticias veladas, a dramatizaciones mojigatas. Se suscribe entonces a revistas europeas (no son pornográficas pero quién va a probarlo: ¿no son obscenas las láminas de anatomía?) que significativamente el correo no distribuye.

Si exprimimos un poquito nomás el cerebro, vemos que no hay mucha diferencia entre “noticias veladas” y el grito de guerra de “Clarín miente” o al comportamiento genuflexo de los Página 12, Tiempo Argentino, C5N o directamente oficialista y bajalinea como 678 o Victor Hugo Morales.

Justamente, este último, entrevistó dias atrás a un joven que insultó al vicepresidente de la Nación, pero evidenciando un burdo intento de tergiversación, intentando llevar al entrevistado a dar explicaciones y aportar pruebas, cuando los delitos por los que se encuentra imputado ameritan la inversión de la carga de la prueba.
No es trivial ni casual que se utilicen métodos como este para tratar de censurar las opiniones. Es parte de la estrategia necesaria para seguir protegiendo al delincuente, para evitar que el ciudadano sepa para transmitir y analice para optar.

Tampoco es casualidad que un comportamiento como este provenga de un converso, de alguien que dejó de lado por motivos no convincentes el principio declarado de que “la fortuna de los Kirchner es insultante”, cuando no ha dejado de serlo por no haberse explicado suficientemente el orígen honesto de la misma.

El estado actual de las cosas sigue teniendo similitudes con lo expresado hace mas de 3 décadas. Solo con leer este párrafo verán que aunque las partes se presentan irreconciliables, los comportamientos tienen significativos puntos de contacto.

Cuando ya nos creíamos libres de brujos, nuestra cultura parece regida por un conjuro mágico no nombrar para que no exista. A ese orden pertenece la más famosa frase de los últimos tiempos: “La inflación ha muerto” (por lo tanto no existe). Como uno la ve muerta quizás pero cada vez más rozagante, da ganas de sugerirle cariñosamente a su autor, el doctor Zimmermann, que se limite a ser bello y callar.

Para los mas jóvenes, “libres de brujos” significaba haber podido desprenderse de José Lopez Rega, uno de los mas nefastos secretarios de Perón y de Isabel, quien fuera creador de la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina) y responsable en gran medida de la escalada de violencia en nuestro país allá por los 70.

“No nombrar para que no exista”. “La inflación ha muerto” (bueno, ahora dicen “no existe”). Es el relato. El mecanismo imprescindible para cumplir uno de los pensamientos mas claros que nos dejó Juan B. Justo: “en política se miente, en política se mistifica, se oculta la verdad, y aún se simula el error, cuando se tienen privilegios que defender o apetitos que puedan satisfacerse merced a la ignorancia y el engaño de los otros”

El censor y el relato necesitan de la ignorancia y el engaño. De la burla y de la descalificación (como el “Los abominables tienen prensa” de Estela de Carlotto, el “profetas de la derrota que nacen en los charcos de podredumbre” de Kicillof o el “massita quiere ser el vocero de la oligarquía pero no le da el piné” de Kunkel).

Y asi es como vuelve, nuevamente, Maria Elena:

Quienes desempeñan la peliaguda misión de gobernarnos, así como desterraron —y agradecemos— aquellas metralletas que nos apuntaban por doquier en razón de bien atendibles medidas de seguridad, deberían aliviar ya la cuarentena que siguen aplicando sobre la madurez de un pueblo (¿se acuerdan del Mundial?) con el pretexto de que la libertad lo sumiría en el libertinaje, la insurrección armada o el marxismo frenético.

¿Que diferencia hay entre dejar de apuntarnos con metralletas para evitar el libertinaje o el marxismo y garantizar el mantenimiento de la “moral occidental y cristiana”, a dejar de perseguirnos e insultarnos para evitar que cuestionemos sus aires de grandeza, sus deseos de perpetuidad y la implantación del “modelo”?

Para el final, otro párrafo. donde Maria Elena nos deja un pequeño legado: el como seguir.

Nosotros, pobres niños, a qué justicia apelaremos para desenmascarar a nuestros encapuchados y fascistas espontáneos, para desbaratar listas que vienen de arriba, de abajo y del medio, para derogar fantasmales reglamentos dictados quizás por ignorancia o exceso de celo de sacristanes más papistas que el Papa.
Sólo podemos expresar nuestra impotencia, nuestra santa furia, como los chicos: pataleando y llorando sin que nadie nos haga caso.

Supongo que ya habrán notado que cada una de estas notas que publico tiene ese fin: el de patalear y llorar, aunque, en teoría, nadie haga caso. Y digo en teoría porque el pataleo y el llanto es parte de “denunciar para sanear, informar para corregir, saber para transmitir, analizar para optar”

Los dejo, para finalizar, con la síntesis de lo que pretendemos evitar con esta conducta: que nos tomen por boludos.

 

kirchnerismopuro


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