Con ánimo de ofender

Asi se titula la columna que escribió Viviana Hernández para Noticias y Protagonistas. También un libro de Pérez-Reverte, al cual le pide disculpas por usar su título sin protocolo.

Y yo me digo, después de leer la nota: No se pa’ qué, que necesidad hay.
No de usar el título de ese libro, sino andar buscando alguien a quien ofender.

Para que tengan una pequeña idea de lo que hablo, les copio y pego la parte que me preocupó:

Cuando digo que quiero que alguien se ofenda, y si es posible mucho, también incluyo en el universo potencialmente ofuscable a los vecinos. Que sabían lo que pasaría en sus vidas si se instalaba una terminal de buses con cientos y cientos de servicios diarios regulares, sin contabilizar los de temporada. Y se inclinaron por la indolencia de esperar un futuro que era visiblemente ayer. Que si, en todo caso, lo ignoraron, fue que no se preocuparon en mirar otras realidades, otros barrios igualmente impactados. Y ahora está ahí, la catástrofe invariable, la implacable falta de descanso merced a todos los sonidos del que llega y quiere hacerlo saber, y el que se va, y también. Y están sus casas que, testigos de una época de una rutina plana, casi pueblerina, verán corroerse silenciosamente sus cimientos. Esos muros, al igual que sus dueños o habitantes, empezarán a ceder inevitablemente ante el desfile incesante de micros. Como cede la voluntad ante la tortura de la gota en mitad del cráneo.

Los resaltados son míos.

Claro, la autora del texto tiene un propósito muy noble en su intención ofensiva. También dice:

Pues bien, mire: en un país como el nuestro, que no admite tibiezas de ninguna clase –ni políticas, ni económicas, ni jurídicas y la lista puede seguir hasta el infinito-, la mayor parte de las buenas cosas conseguidas se logran por defecto, no por virtud. Es decir: por las malas. Hasta que alguien protesta fuerte, en general, nadie se entera de que algo está fallando, cayendo, ausente, mal hecho, o simplemente no funciona. Cuando digo nadie, me refiero exactamente a eso: nadie. Lo que incluye al perjudicado, que no se enteró de que, por ejemplo, había construido en sitio inundable, prohibido por la normativa vigente por razones topográficas, hasta que el agua le llegó al cuello. Y le arrasó con los muebles, la heladera, la cuna de los chicos, los colchones, la cucha del perro y todos los sueños y el laburo de una vida. O sea: somos una banda de necios sin carnet, con gran vocación y dedicación exclusiva a la búsqueda del culpable, que jamás somos nosotros mismos, por supuesto.

Y es entonces donde me termino preguntando de nuevo: ¿Para que? ¿que necesidad hay de andar ofendiendo a esta gente?
Y la pregunta surge porque me acuerdo de un chiste machista que dice “a las mujeres no hay que pegarles, es inútil”. Si alguien se ofende por este chiste, puede irse a leer a otro lado. No digo que estoy de acuerdo, sino que existe, lo cual, como farmacia pobre, no tiene remedio.

¿Para que ofender a esta gente si no va a servir de nada?
¿Acaso será porque sigue la lógica del piquetero, que corta cualquier avenida con el propósito de que se conozca su reclamo, porque si no corta nadie lo atiende, pero que nunca han tenido las pelotas para ir a cortarle la entrada al garage del intendente o del gobernador?

La gente que esta señora nombra es víctima de abundantes décadas en las cuales su domesticación fue brutal. Desde el punto de vista educativo y participativo.
Que hasta el día de hoy se mantiene y no veo que haya servido de nada tratar de ofender a los que necesitamos que cambien su forma de pensar y actuar.

He visto durante 20 años, como mínimo, gritones envalentonados frente a una comisión directiva de una sociedad de fomento, vomitando sus problemas mas personales disfrazados de reclamo colectivo. Luego de los gritos, jamás los vi haciendo absolutamente nada productivo.
Ni agarraron una pala ni presentaron una lista para desplazar de esa institución a la gente a la que habían ofendido (pero ofendido en serio, solo para mostrar que tan larga la tenía) sin presentar una sola prueba.

He visto también mucha gente pataleando frenéticamente contra un aumento del boleto de colectivo y, luego, en alguna reunión, no tener ni una mínima idea de como se calcula ese precio. Solo pataleaba porque alguien le dijo que había que o lo mandó a que patalee.

¿Para que vamos a seguir en la violenta linea de la ofensa al que menos puede defenderse, al que nunca fue educado para defenderse, aquel que si no pasó por la época del “por algo habrá sido”, fue de los que recibieron el “síganmé que no los voy a defraudar”, el “luche y vuelve” o el “que se vayan todos”?
Todos slogans que piden pero que no dan nada. Piden que fomentes la duda, que entregues tu alma o que rompas todo.

Jamás un slogan como “venga y entienda”, “interésese que lo necesitamos” o, por que no, “opine y sea nuestro candidato”

¿Quienes son los que en realidad deberían empezar a sentir lo que es una verdadera ofensa?
Los otros. Los que dijeron “venga e instálese en esta zona que no pasa nada”.
Porque esos son los verdaderos culpables y por mas que esta periodista crea que siempre es mas fácil buscar un culpable, la realidad es que estamos rodeados de ellos.
¿Como nos vamos a quedarnos pensando que fue lo que hicimos mal, si jamás nos enseñaron a pensar en eso y encima los que nos cagaron fueron esos tipos tan buenos que iban a arreglar todas las cagadas que se habían mandado los que estuvieron antes?

Vayan y ofendan a Pulti y a Katz por habernos cagado, poniendo una terminal en un lugar donde no debería haber estado, por mostrar en los diarios que linda iba a ser con el boceto en la mano, pero sin permitirle a ninguno de los vecinos que fueron a molestar preguntando enterarse de nada de lo que iba a pasar.
Vayan y ofendan a Scioli por poner la guita para construirla y dejarle la ganancia de usarla a un concesionario.

Dejen de ofenderme a mi y a mi vecino.
Y a ver si lo entienden de una buena y puta vez:

NO TENEMOS LA CULPA DE ESTAR RODEADOS DE HIJOS DE PUTA Y TAMPOCO TENEMOS UN DETECTOR, SINO QUE NOS DAMOS CUENTA DE LO QUE SON CUANDO YA HICIERON LA CAGADA.
Y SI TAN VIVOS SON QUE SE DIERON CUENTA ANTES, HAGAN ALGO QUE NO SEA DECIRNOS QUE LA CULPA ES NUESTRA.

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