Adios Don Nestor

Cuando falleció Raul Alfonsín hice un post que se tituló Adios Don Raul.
Hace un par de semanas falleció Nestor Kirchner, también ex-presidente y también referente político de su partido y por tal motivo este post.

Aunque el título del post sea similar, con el simple cambio del nombre, las diferencias son mas que abrumadoras entre uno y otro.

Alfonsín muere tras 20 años de haber ejercido la Presidencia de la Nación, tiempo suficiente como para que sus actos se puedan ver desde la perspectiva histórica. Kirchner muere sin haber cumplido 3 años del fin de su mandato. Tiempo altamente insuficiente como para despegarlo de los vaivenes de la política actual.

Me he tomado unos días para escribir esto a los efectos de ver otras repercusiones. Y las que he visto me han dejado una sensación demasiado amarga. Quienes todavía nos arriesgamos a tener visiones críticas y dejar de lado los dogmas hemos visto pasar por encima de nuestras cabezas las miserias de unos y otros. Tanto de los que salieron a tocar bocina o festejar como de aquellos que no supieron cerrar la boca a tiempo cuando estaban en medio de un duelo.

He llegado a leer, y la presento aquí como un símbolo, la siguiente situación:
Referente política contraria a Kirchner: “por respeto, no vamos a efectuar declaraciones”
Militante que no vale la pena nombrar: “eso, a ver si por lo menos una vez se callan la boca”

¿Cual es la necesidad de emitir tamaña respuesta? Si ya te están diciendo que se van a callar la boca, que van a asumir una posición de respeto (mas allá de que sea honesta o por conveniencia).
El único motivo que se me ocurre es el de la provocación para tratar de quedar como un héroe. Si la otra parte contesta, se le ganó porque se demostró que era mentira. Si la otra parte no contesta, se le gana porque quien calla otorga o por el uso de la última palabra. De psiquiátrico, realmente.

Digo que pongo como símbolo estas frases porque son la muestra de unos de los legados mas complicados que NK nos deja.

Nos podría haber dejado una legislación mas justa y distributiva, como era la famosa 125 y que desgraciadamente perdió por apelar a este mecanismo de la bronca, el odio y la descalificación. Lo mismo que una reforma al sistema impositivo, pero que directamente no impulsó.

Nos dejó una Corte Suprema con la que, desde el llano, uno puede estar de acuerdo o no al no contar con mucho estudio de derecho que lo justifique, pero a la que no se le puede sospechar intereses como se le conocían, sin siquiera dejar picando la sospecha, a la Corte armada por C. Menem. Lástima que cuando esta misma Corte les marcó un error (la destitución del procurador de Santa Cruz) salieron a pegarle y acusarla de querer manejar el país.

Podría habernos dejado una verdadera renovación política. La empezó, usando la ahora olvidada “transversalidad”, pero terminó utilizándola para volver a la “verticalidad” que siempre dirigió al peronismo. Trastocaron los tiempos políticos para llevarnos a unas elecciones apuradas, por culpa de la inestabilidad económica exterior, aun a riesgo de generar un broto de gripe A.

Nos deja una gran ley contra los monopolios mediáticos. Aunque sea dirigida con el monopolio mediático de Clarín, con el cual tuvo su amorío durante su presidencia. Y también aunque muchos de sus compañeros, como es el caso de Mar del Plata, rinden pleitesía al monopolio mediático local (en este caso, La Capital) en vez de denunciarlo.

También nos podría haber dejado desactivados otros monopolios, como el de las comunicaciones, que se traducen en las empresas Telefónica y Telecom, las cuales ya no se sabe que tanto hay de una y de la otra, con tan solo reglamentar el decreto 764/2000. Van para 10 años, 4 gobiernos (De la Rua, Duhalde, Kirchner y Fernandez de Kirchner) y nadie se atreve.

Nos dejó una política activa de derechos humanos que era muy necesaria, aunque no hubieran mostrado antes mucho interés en el tema. Y esta no es un invento mío, hasta la propia Hebe de Bonafini dijo que “Kirchner es la misma mierda que Menem y Duhalde”.

Le faltó, desgraciadamente, una gran pata democrática que acompañara esta de los derechos humanos. Un partido como el peronista, que tiene la consigna de los “candidatos naturales”, asume que la democracia es el largo pasillo inevitable para la llegada al poder. Y si pudiera evitarlo, lo haría, como lo hace con sus arreglos internos que intentan una y otra vez evitar la exposición al voto del afiliado.

Pero lo que mas lamento, desde mi punto de vista, y volviendo al principio, es que nos dejó una nueva cultura del odio y la descalificación.
Esto es mucho mas que evidente. Por supuesto, los que están inmersos en dicha cultura no serán capaces de verlo ni de reconocerlo, pero existe y se hace notar cada día mas.
Se pueden ver, sobre este punto, opiniones coincidentes desde la izquierda como desde la derecha.

Son apenas dos muestras. De las dos, coincido infinitamente mas con el escrito de Tenembaum que con el de Prestileo. Y no solo recomiendo la lectura completa del primero, sino que quiero acompañar un párrafo para que ilustre este post.

Es notable, entre otros rasgos, cómo los fanáticos, los que odian, empiezan por justificarse en el odio de los otros. Es una de las características estructurales del odio. Ninguna persona que odia supone que su sentimiento tiene que ver con miserias propias.
Al contrario, es una reacción noble, razonable y ética, frente al odio ajeno, que siempre es miserable. El que odia a Kirchner o a Cristina lo hace en respuesta al odio de ellos. El que odia a los opositores o a los críticos o a los disidentes, lo hace porque se siente tan odiado que no tiene más remedio.
Es una consecuencia necesaria y elogiable. El que odia necesita del odio del otro. Hay odio malo, el de los otros, y bueno, reparador, el nuestro. Es una relación dialéctica, como la del amo y el esclavo. Si no hay otro que nos odia, entonces nuestro odio parece delirante. A veces, no es necesario inventar nada. El odio existe.
Otras veces se construye el odio ajeno, se lo magnifica, se toman manifestaciones muy parciales y se las presenta como si fueran generales. O se agranda todo y cualquier opinión pasa a ser parte de una conspiración. O se lo provoca una y otra vez hasta que surge. Y entonces, sí, es una fiesta. Porque podemos odiar tranquilos.

Esto me trae la referencia inevitable de la repercusión de la frase de Jorge Lanata, quien dijo ” Me tienen harto con la dictadura”.
Pero no se lo comparó con Simon Wiesenthal, quien dijo y fuera citado por el propio Lanata en su alocución: “No podemos vivir como si el holocausto nunca hubiera existido pero tampoco podemos vivir pensando siempre en él“.
Tampoco nadie se detuvo a recordar el monólogo de José Sacristán en Solos en la Madrugada, cuando decía “No quiero tener que mentirme tanto. Sé que tengo que ser algo… a lo mejor escuchar, escuchar más a la gente o hacer un programa de radio para adultos, para hablar de las cosas de hoy porque no podemos pasar otros cuarenta años hablando de los cuarenta años.

Esto es lo que mas vamos a lamentar, tarde o temprano, de entre lo malo que Kirchner nos dejó.
También Alfonsín nos dejó una ley de obediencia debida y punto final, Menem un país productivamente destrozado, De la Rua nos dejó muertos, gente que solo salió a pedir un cambio de rumbo y de caras. Duhalde nos dejó sentenciado de muerte ese cambio que se pedía.

Hoy, pensar, razonar, opinar, sin estar atado a ningún dogma, personalismo o discurso alguno, con tan solo esa garantía que se llama libertad de expresión no es siquiera lealmente reconocido por la gran mayoría de aquellos que militan bajo la consigna de la lealtad, la verticalidad o los proyectos personalistas.
Nos hemos transformado en enemigos. Poco es lo que falta para que nos digan, como hace 60 años, que “al amigo todo, al enemigo ni justicia”.

Ya he dicho, aunque soy pesimista, que la muerte de Nestor Kirchner podría llegar a ser un punto de inflexión en este camino. Solo es necesario que la Presidente de la Nación tenga todos los días y en todos los temas el mismo estilo que tuvo en su discurso por cadena nacional posterior a la muerte de su esposo.
Tan solo con eso alcanzaría para empezar.
Con tener la cabeza puesta primordialmente en los problemas y no en los detractores, para mi, sería mas que suficiente. Y pare el país mas que necesario.

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