Levantando vuelo

Nada ni nadie puede impedir que sufran,
que las agujas avancen en el reloj,
que decidan por ellos, que se equivoquen,
que crezcan y que un dia
nos digan adiós.

Así nos cuenta Joan Manuel Serrat, en su canción “Esos locos bajitos”, una circunstancia que todo padre alguna vez tendrá que atravesar.
Y, si, las agujas avanzaron en el reloj, las canas fueron apareciendo tal como los genes lo tenían previsto y como padre me tocó ver como mi hija creció y un día, el jueves, dijo adiós.

Empieza en ella la segunda parte de su vida, esa en la cual deberá tomar decisiones, equivocarse, aprender de las equivocaciones, sufrir, corregir el rumbo y empezar de nuevo sin la tranquilidad que da tener a papá y mamá a minutos de distancia.

Uno puede intentar ahogar un poco la pena de verlos partir, aunque sea en busca de sus propios horizontes, en la seguridad de que están preparados para que ese vuelo inicial, ese segundo destete, tenga como base preparatoria todo lo que hemos hecho, mal o bien, sin una escuela donde aprender a hacerlo, como padres.

Desde hace muchos años, cuando en alguna reunión hablábamos del tema de los hijos, siempre comentaba que el camino elegido para su educación era el de prepararlos para que se fueran cuando quisieran.

Probablemente un hijo puede quejarse, y con mucha razón, de que los padres les hemos impuesto demasiadas cosas. Desde el propio hecho de nacer, el nombre que les pusimos, lo de bautizarlos o no, las escuelas que les elegimos y hasta algunos comportamientos que han heredado sin mucho entendimiento.
Lo que debe ser muy jodido es que un hijo se queje de que los padres no hayan actuado pensando que algún día el rumbo de esa vida no les iba a pertenecer y los hayan convertido en dependientes, por defecto u omisión.

Ahora comienza, entonces, para mi esposa y para mi, el momento de ver como la vida se ocupa de corregir ese examen que estuvimos preparando y rindiendo en simultáneo durante 20 años y, dentro de varios años, ver cual fue la nota que nos tocó.

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4 comentarios

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  1. Y sobre todas las cosas empieza un doble aprendizaje, el de ella y el de ustedes, con lo difícil que eso es.

    Para los padres es encontrarse con esta doble sensación de felicidad y tristeza, aunque de la boca para afuera generalmente se expresa sólo la primera.

    Los felicito a los 3!

    besos, Ignacio.

    • Javier en 20 de diciembre de 2010 a las 23:28
      Autor

    Gracias Ignacio, un abrazo!!!!

    • PLPLE en 21 de diciembre de 2010 a las 2:33

    Bueno, mis felicitaciones y condolencias a la vez!

    Por lo que se nota en el escrito, es muy probable que saquen una muy buena nota. Parte del proceso es saber entenderlo, y veo que lo han hecho con creces.

    Saludos y suerte!
    PLPLE

    • Javier en 21 de diciembre de 2010 a las 20:46
      Autor

    Gracias PLPLE, espero que se cumpla eso de la buena nota 😛
    Saludos

  1. […] “Probablemente un hijo puede quejarse, y con mucha razón, de que los padres les hemos impuesto demasiadas cosas. Desde el propio hecho de nacer, el nombre que les pusimos, lo de bautizarlos o no, las escuelas que les elegimos y hasta algunos comportamientos que han heredado sin mucho entendimiento. Lo que debe ser muy jodido es que un hijo se queje de que los padres no hayan actuado pensando que algún día el rumbo de esa vida no les iba a pertenecer y los hayan convertido en dependientes, por defecto u omisión.” (Cada Loco…) […]

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